¡Cómo me iba a negar a ver a Obi-Wan Kenobi contra los dinosaurios! En el momento en que vi el tráiler de esta película, El final de Oak Creek, me dije: «Esto tengo que verlo, no me lo puedo perder por nada del mundo». Además, está dirigida por el director de It Follows y producida por J.J. Abrams.
Sabíamos que esto iba a ser, por lo menos, una aventura divertida y bien hecha. Y es básicamente lo que es: una película de aventuras muy entretenida, con su toque de acción, sus adolescentes un poco despistados (ya sabemos que en las películas familiares con adolescentes tienen que cometer torpezas para que la trama avance) y su toque de drama. Tiene un estilo muy ochentero; de hecho, la historia está ambientada en los años 80, algo que yo desconocía y que le da un punto muy interesante, al estilo de películas como Los Goonies.
¿Qué nos cuenta El final de Oak Creek? Es una historia de ciencia ficción en la cual un vecindario de clase media norteamericana de los años 80 vive en plena recesión económica. Vemos a una de estas familias donde el padre está desubicado tras quedarse sin trabajo, la madre no se siente realizada como ama de casa, el hijo de unos 14 años es aventurero pero ingenuo, y la hija mayor está a punto de entrar en la universidad mientras explora su identidad.
De pronto, una mañana comienzan a aparecer cosas extrañas en el barrio: plantas prehistóricas y una materia orgánica gigante en medio de un patio. Todo son risas y barbacoas hasta que, en una noche, todo el vecindario atraviesa un agujero de gusano y termina transportado a la era de los dinosaurios.
Para colmo, caen en mitad de una ciénaga repleta de criaturas, tanto herbívoros como carnívoros buscando alimento. La premisa es esa: una comunidad de clase media intentando sobrevivir entre dinosaurios.
La producción de J.J. Abrams se nota bastante en el ritmo dinámico y en la iluminación, incluso en las escenas nocturnas. Los efectos especiales están muy logrados y los diseños siguen las teorías científicas actuales, mostrando dinosaurios con plumas y plumaje variado.
La película no da tregua desde que arranca. Aunque es una cinta familiar con una resolución simpática al estilo Regreso al futuro, mantiene un tono divertido y entretenido durante sus 90 minutos de duración.
En conclusión, es una buena opción para ir al cine en esta segunda quincena de agosto: una propuesta palomitera, fluida y ideal para pasar un buen rato.
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