Vamos a hablar de una película que me ha gustado hasta cierto punto: The Last House (2026), una producción disponible en Netflix que nos presenta una historia distópica de ciencia ficción con elementos de cine catástrofe y temática postapocalíptica.
En el apartado técnico y artístico, la cinta cuenta con la dirección de Louis Leterrier (Fast X, Lupin), quien intenta impregnar su habitual dinamismo al suspense claustrofóbico. En el reparto, el conflicto familiar de la pareja protagonista cobra vida gracias a las interpretaciones de Wagner Moura (Narcos) y Greta Lee (Past Lives), acompañados por los jóvenes actores que encarnan a los hijos a lo largo del tiempo. Aunque el trabajo actoral resulta solvente y el reparto cumple de manera correcta en pantalla, ninguna de las interpretaciones llega a destacar de forma memorable debido a los límites que impone el propio guion firmado por Matthew Robinson.
El punto de partida es, básicamente, una lluvia inusual. Un día normal y corriente empieza a llover torrencialmente y esa lluvia demuestra características extrañas: parece tener vida propia. De pronto, todas las casas del mundo quedan herméticamente cerradas, atrapando dentro a las personas que las habitan. Quienes están fuera no pueden entrar y quienes están dentro no pueden salir; el mundo entero se convierte en una prisión.
A partir de aquí se desarrolla una típica historia de supervivencia con un trasfondo de ciencia ficción. Observamos la evolución de la catástrofe a través de la perspectiva de una familia de clase media con serios problemas económicos. El padre, un ingeniero recientemente despedido, intenta a duras penas mantener en pie una vivienda que se cae literalmente a pedazos. Junto a él están su esposa y sus dos hijos adolescentes.
Como suele ocurrir en muchas producciones estadounidenses, la trama avanza en gran medida debido a las absurdas decisiones de los hijos. Es un tropo recurrente donde los jóvenes actúan sin lógica y se exponen al peligro simplemente para hacer avanzar el argumento. Si en la vida real se advierte a alguien que no salga porque hay una amenaza afuera, no decide salir; sin embargo, aquí los adolescentes actúan como si pudieran con todo.
La película dura casi dos horas, lo cual resulta excesivo para transcurrir casi íntegramente en un único escenario: la casa. La estructura intenta reflejar el paso del tiempo a lo largo de días, semanas y años, pero sufre de los problemas de ritmo habituales en el cine de streaming. Un tijeretazo en la sala de montaje que redujera la duración a unos 90 minutos le habría sentado mucho mejor a la historia.
⚠️ AVISO DE SPOILERS: A continuación se revelan detalles del desenlace de la película.
Análisis del Final (Con Spoilers)
El gran fallo de la película radica en su resolución. La trama intenta cerrarse de forma apresurada y recurre a un concepto muy similar al de la película Señales. Se revela que la catástrofe es provocada por seres de origen marino que han emergido para reclamar la tierra firme como parte del mar, un planteamiento que no queda del todo claro ni bien explicado.
Lo que comenzó como una interesante propuesta de supervivencia en confinamiento termina convirtiéndose en una historia convencional de "monstruo de la semana". Además, resulta incoherente que, tras descubrir que las criaturas provienen del océano, los personajes concluyan que la mejor manera de escapar sea embarcándose en un barco.
En conclusión, The Last House es un producto entretenido que se deja ver, pero resulta algo largo y predecible. Es la típica producción de plataforma diseñada por algoritmo: para verla, pasar el rato y olvidarla poco después.

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